La hechicería en la literatura

La historia solo nos ha conducido a pensar que hablar de hechicería es hacer referencia a conjuros terribles para dañar a otros, mujeres con aspecto malvado en lugares de penumbra rodeadas de pociones y bichos, de amarres de amor, o de cuanta cosas que manejara energías solo para favorecer los caprichos de alguien. De esta forma podemos deducir, si decidimos ahondar en el tema, que las hechiceras y las brujas solo fueron determinadas figuras marginales, pero también marginadas, y ello no solo ocurrió a manos de la sociedad con ellas, sino también con sus escritos.

De esta forma, y como una consecuencia directa, la misma sociedad se encuentra carente en el ámbito filológico, es decir, sin de estudios literarios que nos hablen y adentren en el mundo de estos seres mágicos, que se mencionan en gran cantidad de resaltantes obras de la época dorada de la literatura española. Existen obras como La Celestina, que quizás da referencia explícita, pero aparte de ello, no es posible afirmar que se cuente con una cantidad significativa de trabajos publicados enfocados hacia la hechicería y la brujería en la literatura de los Siglos de Oro.

De este modo, es resaltante ir por más información que devele la verdad de las hechiceras y las brujas que pueblan los textos áureos; y con ello obtener un panorama general de lo que en su momento era la hechicería y la brujería literaria. Indagar en este mundo, nos permite cubrir los vacíos existentes y que contengan alguna visión literaria y filológica de las hechiceras y las brujas. Es importante abordar preguntas como por ejemplo: ¿El personaje de la hechicera de dónde proviene? ¿Quienes eran las brujas? ¿Por qué inicia su exploración sólo a partir del Renacimiento? ¿Por qué se mencionan tanto en los textos? ¿Qué puede estar siendo ocultado detrás de estos personajes? ¿Por qué resultan tan interesantes? ¿Representan algo? ¿Aun sobrevive alguna tipología?

Primeras representaciones literarias

Al indagar en los primeros análisis efectuados por los investigadores, se encuentra que las representaciones literarias que inicialmente se hacen de la hechicería provienen de Occidente, pero además, estas también se dan en la tradición grecolatina, donde inmediatamente denota la existencia desde el mundo antiguo de una tipología característica, es decir, la hechicera, mas no se hace notoria la presencia de la otra, la bruja. En consecuencia, podemos pensar que no surgieron a la par.

Y resulta interesante, pues este es el personaje prototipo fijado de mejor manera en la literatura, y que ha sido mayormente empleado incluso en el cine. Pero veamos más allá, ya que es precisamente durante los siglos xvi y xvii cuando el surgimiento social de la misma se hace presente tanto en la sociedad como en los libros, tanto de la hechicería como de las brujas. De este modo, detenerse en este periodo es bastante imprescindible para dar con una gran cantidad de estudios históricos, antropológicos, psicológicos, de tal periodo, mas no así, del florecimiento de las brujas más allá de algunos ensayos muy concretos o ciertos
artículos que solo se centran en la tipología celestinesca.